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    EL PRINCIPIO DE ...(3RA PARTE)

     

     

    Otho se quedó helado, la mirada perdida. Sin palabras como un niño asustado ante su trágica realidad. Jokébed se acercó a él tratando de contener el llanto, lo abrazo fuertemente  Enseguida intentó romper con esa atmósfera. Con una sonrisa fingida le pidió a Marion sirviera ya la comida.

     

    Tan rápido pasaba todo,  era como una escena surrealista, nadie entendía nada de los gritos pasaron al llanto, luego el silencio,  fingir que nada sucedía fue la mejor opción, un arrebato lo tenia cualquiera, más cuando se ha sufrido una gran pérdida.

     

    Todo era tan extraño, hace unos minutos todos estaban gritándose, al borde del trastorno. Y ahora ambos degustaban la deliciosa crema de flor de calabaza con queso, una ensalada así como el cuete mechado con almendras, tocino y pasas. Tenía un sabor tan delicioso. Empero, el ambiente aún era tenso, triste, completamente absurdo.

     

    Finalmente, sin decir nada, Otho fue personalmente a la cocina y descorchó uno de sus mejores tintos, regresando a la mesa con un par de copas. Sirvió el vino ceremoniosamente. Algo sorprendida, Jokébed lo dejó continuar. Dio un sorbo a su copa y hasta entonces decidió pronunciar palabra al fin.

    -         ¿Y por qué brindamos?

    -         -Por ella, por el amor de mi vida, por su dedicación en el poco tiempo que me fue prestada, por su descanso y el mío ahora, ya podemos estar en paz los dos.

     

    Y así lo hicieron. Curiosamente Otho estaba más tranquilo, diríase resignado. Fueron momentos tan poco reales, que Jokébed se imaginó en una situación tan particular, en una comedia de humor por cierto bastante negro.

     

    Así terminaron aquella comida tan atropellada, Joshi todavía angustiada se despidió:

    -         -Debo irme ya, no me gusta dejarte así. ¿Vas a estar bien?

    -         - Sí, - musitó aquel hombre abatido.-

    -         - De todas formas yo te llamo mañana. ¿Te parece si vamos al cine? Hay buenas cintas en cartelera y …

    -         - No pudo continuar porque Otho parecía más que apresurado por despedir a su visita.

    -         - Sí, si mañana.

     

    La verdad Otho no deseaba dar oídos a nadie. Algo raro en su interior se lo impedía. Así, beso atropelladamente la mejilla de Joshi para después cerrar la puerta tras de ella.

     

    Desganado y aturdido, aquel juvenil hombre se avejento. Claro su atractivo se hizo evidente. Estaba convertido en un viudo treinton, alto, bronceado, fornido por la práctica de las pesas y el box, con el cuerpo típico y elegante que dejan los deportes; de ojos negros y muy felinos, siempre cuidadoso, atento, alegre, pero sobre todo enamorado de Lorelei. Ambos eran afortunados, o lo habían sido hasta esta tarde.

     

    Hay, por Astarté, ¿y ahora qué? ¿Qué pasaría con su vida?

     

    Al llegar a la puerta del cuarto, sintió un aroma a jazmines. Esto en vez de asustarlo, le provocó paz, Al abrir, llegó junto con la soledad su trágica realidad. Lorelei ya no estaba con él, nunca más la podría abrazar o besar, y ese olor a flores blancas, las favoritas de esa encantadora mujer significaban el adiós definitivo.

     

    Sin embargo, no lejos de Otho; Lorelei lo observaba con ansias, con ganas de que él también la mirara nuevamente. Pero, todo era inútil. Su desesperación fue tal que se acercó a Otho hasta tenerlo frente a frente. Simplemente, nada, no podía verla. Se había vuelto invisible, transparente, no estaba ya.

     

    Su esposo ignoró los brazos tan conocidos. Más que ignorarlos, esta vez no pudo sentirlos.

     

    Esa noche, Otho no pudo dormir. Cuando los primeros rayos del sol aparecieron; Otho se sentía cansado, apenas y concilió el sueño por un par de horas. Se ducho todavía amodorrado, desganado, completamente deprimido. Terminó de acicalarse para ir a trabajar.

     

    Abajo, Marion lo esperaba con el desayuno. Pero éste, ni siquiera lo tocó. Salió apresurado, absorto en sus recuerdos, en los bellos momentos al lado de Lorelei; no se dio cuenta de que no iba a la oficina, manejaba en dirección al cementerio. Automáticamente, no recordaba haber ido nunca en esa dirección pero sabía a dónde quería llegar.

     

    Cuando arribo, la  sensación de vacío y tristeza lo irrumpió. Tenía miedo de comprobar que su niña, su amada, la pequeñita hermosa estaba ahí, junto con los restos de otras personas totalmente desconocidas. Seguramente ella también tendría miedo y se estaría sintiendo sola.

     

    Al llegar a la tumba, el piso parecía hundirse bajo sus pies. Ni siquiera se percató de la llegada de Jokébed. La cabeza comenzó a darle vueltas, el estómago se volteó por completo hasta que finalmente se desmayó.

     

    Cuando despertó, Jokébed sostenía delicadamente su cabeza tratando de reanimarlo, Poco a poco abrió los ojos, perdido en el tiempo. Y así sin más, como un niño se apretó al pecho de Joshi y lloró amargamente por un largo rato.

     

    Otho se desahogó, lo necesitaba. Ya más recuperado le pidió a Lorelei perdón:

    -         -Chiquita preciosa, la más hermosa. Perdóname por no dejarte ir. Pero me haces tanta falta. Te extraño amor  ¿Por qué me dejaste tan pronto?

    -         ¿Por qué me dejaste tan solo?

    -         - Sé que soy muy egoísta, pero Te Amo y sé que tú también a mí. Ahora debes ir a donde perteneces, fuiste puesta en mi camino para hacerme feliz; hoy te devuelvo al cielo. Eres mi ángel, por tanto tu nivel es otro, aquí no perteneces vuelve a tu hogar, Mi niña descansa ya. Siempre estarás en mi corazón.

     

    Lorelei con lágrimas en los ojos se acercó a él, le tomo las manos con dulzura tal, para luego besarlas como acostumbraba. El olor a jazmines se hizo presente. Otho sabía que ella estaba ahí. Nuevamente y por última vez pudo sentir el delicado beso que Lorelei depositaba en sus labios.

     

    Mientras, en la casa de Otho, Marion también percibía ese aroma, un aire cálido envolvió la estancia, la mujer supo de inmediato que Lorelei se estaba despidiendo.

    -         - Señora, sé cuanto ama al joven. También sé que no lo va a dejar que lo cuidará procurando su felicidad. Por mí parte yo le prometo velar por él. Ambos son como mis hijos así los quiero. Ahora puede estar en paz.

     

    Marion se sintió después de esto más tranquila, por fin pudo estar segura de que Lorelei la había perdonado, al final de cuentas fue una mujer amorosa y dulce.

     

    En tanto, de regreso Otho y Jokébed no articularon palabra alguna. Al entrar a la casa Otho miró a Jokébed, se acercó y la abrazo nuevamente. Luego de un rato le tomó la cara con ambas manos y le dijo:

    -         Gracias, gracias por tu paciencia, pero sobre todo por ser mi amiga. - Jokébed apenas contuvo las lágrimas.-

    -         Todo había terminado. No se volvió a tocar el tema.

     

    Desde ese día Otho jamás volvió a pensar en Lorelei con dolor. La recordaba con el amor que siempre tuvo por ella. En cuanto a Jokébed. Ella siguió guardando para sí todo su amor. El silencio siempre cómplice le ayudaría a sanar tanto desamor.

     

    Seguirán juntos, unidos por un angelical recuerdo. En ese instante, el dolor se disuelve. Otho y Jokébed inmersos en destellos y escenas cálidas alcanzarán estoicismo. El universo es tan complicado, tanto como los sentimientos y el propio ser humano.

     

    Lorelei finalmente desaparece y se pierde en noches infernales, en un destino sin fin, es un cuerpo ya sin alma, divagará en la oscuridad más profunda de la nada, de vez en vez llorando y a medio fuego por amor. La vida definitivamente se le escapo. Pero,ahora Akasha le regala el Don de lo Oscuro, pronto volverá,esta vez con la gracia de un ser nocturno, un ángel sin luz.

     

     

     F I N

     

     

     

     

    Frieda / 06

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