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TÚ ULTIMA FUNCIÓNLA ÚLTIMA FUNCIÓN
El viento trajo los restos de lo que eras Hasta a mí. Con delicada paciencia acepte cubrir Con caricias el despojo De tu cuerpo.
Famélico, hambriento de todo Devorabas cada una de las gotas Que mi blanca muñeca Te proveía.
Un ser mediocre, Falto de vida propia, Así eres tú.
Empero, Te invite a mi mundo obscuro, A mi cielo nublado.
Infame ser, Robaste los sueños Del ángel nocturno. Vomitabas palabras hipócritas De amor.
Mientras, Taciturna, delicada, Soñadora, Abracé creyente las injurias Que tu roja boca me lanzaba.
Adore tu cuerpo Me perdí y me prende a él. Tú, solo almacenabas El licor de mi erguido pecho En tu garras putrefactas.
Mi aliento y mi estrella Se agotaban, Se perdían con tu nauseabunda Presencia.
Succionabas cada chispa De la esencia que cubre mi halo de misterio.
Los años pasan por mí sin dejar huella,
Mientras tú, Estúpido y pequeño ente Vas dejando cicatrices en cada rincón En lugar no visible para tu Pequeño entender.
Las carcajadas que brotan de ti Alcanzan distancias inimaginables Todos las oyen, menos yo.
La venda que cubre mis ojos Es retirada por tu traición, Cae cual telón al final De tu patética función. Has despertado mi ira- Diminuto e insignificante Vuelve al fango de donde provienes, Al grotesco paisaje de donde te tome.
En tanto Este ángel nocturno Desde lo más alto mira Complacida como te revuelcas En tu propio veneno En tu mismo nauseo.
Mi éxtasis termina al fin Con tu última actuación: TU MUERTE…… DULCE SUEÑO
DULCE SUEÑO
El cálido abrazo invadió la noche de tal modo Que la habitación se iluminó Llenándonos con el canto de Eros.
La humedad que dejan Las blancas sábanas Mojan nuestra piel, Nuestros Cuerpos.
Sí, cuerpos sin forma, Alargados, extendidos ora amalgamados. Se funden cual azogue ardiente. Una leve brisa se asoma entre las cortinas De tu habitación. Palpita el corazón y el reloj marca la media noche.
Los sudores se han juntado En orgasmo común, En gran explosión, Derramando placer con algo similar Al amor.
Y me queda el hambre de ti, Hambre de tu dulce boca, Ganas de tu sexo Deseo de la vida que tu roja sangre me provoca.
Y, estás aquí Dentro de mí, Existes….. No en el vago andar de mis pensamientos, Ni en el infame devenir del tiempo.
Te recuerdo de tantos sueños atrás, En dónde tiemblas delante de mí, Con los ojos encendidos, rojos como el carbón, de ti, temeroso y excitado, Tomo la fuente de mi éxtasis. El afilado colmillo recorre el santuario En busca del punto exacto para incrustar Mis ansias locas.
Tu dolor me hicha de placer.
El clímax toca a ambos. Nuevamente se tensa aquel pedazo de carne Y estalla….
Luego… el silencio, Nada.
El cansancio llega al lecho, La calma me inunda. El sol tardará, Aún no viene por mí. El viento nuevamente mece La cortina, en el cielo, Mi estrella, Espera……. REENCUENTROS
REENCUENTROS
La noche cubre tu rostro El misterio envuelve tu piel Un manto estrellado se vierte En la humedad de mi entrepierna.
En el silencio del nocturno, Los gemidos de tu boca Complaciente Me provocan, Inundan mis oídos.
Me pierdo entre el sudor De tu frente y la frescura De tu cuello Bañado en dulcísimas gotas carmesí.
Mi lengua ansiosa Lame sin cesar El alimento De la dama nocturna Parece no tener fin.
La figura de tu talle Fuerte y varonil Transforma mi mirada La vuelve perversa y agresiva. Deseo tanto Las formas que dibuja tu sombra.
Ansío morder tu carne morena Sorber la tibieza que emana de ella, Perderme en breve instante en el jadeo de tu cuerpo.
Tus labios me invitar a agotar caricias, A inventar palabras, Mientras, Me alcanza el cansancio junto a tu entrepierna.
Me arrancas Quejidos placenteros, Llega la embriaguez Para los dos.
Como blanca nieve Tu esperma resbala Por mis labios.
La mañana está a punto de caer Sobre este mullido santuario de placer. Debo partir. Tu perfume impregnado en mi cuerpo Esperará la caída de Ah Kin Para reencontrarnos Otras vez en tus Dulces letargos.
Mª§¢@®Â§MÁSCARAS
De pronto me quito la máscara que me ahoga cada minuto. Mi rostro níveo y demacrado avanza e intenta darse paso entre el mar de entes; las garras mecen mi bruno cabello. La garganta lanza gritos desesperados. No atina a tocar a nadie. Mientras, los pies descansan en el frío asfalto, buscando el alimento tibio, escarlata.
Selene sombrea cada paso. El purpúreo brillo de mis pupilas delata mi desesperación. Durante siglos la misma función: MUERTE – VIDA.
Caóticos pasan los años, la humanidad cambia y ¿evoluciona?
En mis sueños oigo voces misteriosas, veo representaciones extrañas. No hay señas de formas vivas. Ahora, pesadilla. Lo que vive en las sombras despierta. En la madrugada de este mi sueño vuelo libre como cometa, delicadamente ataviada con elegantes guantes negros. Se endurece mi rostro desenmascarado, mis ojos se profundizan.
Salgo cual torbellino y te ofrezco generosa mis ardientes belfos. La aguda lengua cual daga penetra tu boca de canto.
Y mientras tú gimes de delicia y congoja, el silencio de la noche atraviesa mi cuerpo invocando el ansia de chupar, morder y hundir mis dientes que aún escurren pequeños hilos granas confundidos con la carne de tu cuello atrapado entre mis labios.
Y aquí atrapada en esta cárcel “vampira”, aguardo el amanecer; otra vez la máscara. No temaís, muchas lunas nos esperan por toda la eternidad, este es mi Apocalipsis personal.
Me oprime el horror de la muerte, la presencia del aura me aterra más tú blanda piel me embelesa, sigue extasiado, penetra en mí, sólo tú puedes cruzar hoy y aquí el umbral de mi entrepierna. El sol me espera para dar condena a mi herejía. Me entrego a ti, cierro los ojos porque, esta noche aún tengo sed de ti. A " G " POR TODO SU AMOR Y PACIENCIA
(PRIMERA PARTE)
Después de tanto esperar por fin cayó la noche manteniendo el equilibrio perfecto en el horizonte. Así, se esparcía como una enorme capa sobre la ciudad, amenazando con dejar caer su manto estrellado.
Las luces artificiales iban haciendo su aparición en franca competencia con el natural resplandor de la Luna llena de octubre. Las risas de algunos condenados se escuchaban mientras los pasos en el cemento polvoso de las calles disminuía.
En tanto, en la habitación amplia de cortinas blancas como la nieve, sobre una suave cama, reposaba impaciente Lorelei. Sumergida en sus pensamientos se preguntaba él porqué de la tardanza de Otho. Había ataviado el comedor con velas y los platillos favoritos de su amante pareja; pero ya se había retrasado una hora. La señora que ayudaba a Lorelei con las labores de la casa seguía con el trajín diario. Su nombre era Marion. La necesidad de conseguir alguien que les auxiliara en los quehaceres domésticos se debía a la enfermedad de Lorelei; la cual había burlado desde hacía tiempo a la ciencia especializada y los modernísimos aparatos que los doctores utilizaban en cada revisión. Una incurable apatía, un cansancio que gota a gota la iba debilitando física y emocionalmente. Aunque algunos días se levantaba con ánimo, tanto como para arreglarse lo mejor posible para Otho.
A decir verdad, ese día había tenido una sensación extraña, como de alivio total, no se había sentido tan bien desde hacía tiempo. A tal grado que deseaba sorprender al hombre del cual se vivía enamorada profundamente desde hace ya 4 años. Se conocieron – todavía lo recordaba como si hubiese pasado ayer. Por la afición que ambos tienen por el deporte. Otho era 6 años más joven que ella, pero, esto no impidió el sorprendente amor profesado por ella a grado tal de la adoración. Otho se convirtió en su vida desde el momento de decirle por vez primera “Te amo”. Así lo entendió él y hasta el día de hoy se dan un hermoso cariño. Aún con la enfermedad de Lorelei, el amor de Otho no disminuyó, por el contrario la cuidaba en demasía, con natural devoción.
Estaba tan ensimismada y absorta en sus recuerdos cuando la sobresalto el ruido de un plato roto en la cocina. Seguramente Marion con el apuro por terminar su jornada había tenido un insignificante descuido. Había pasado media hora más. ¿Pero dónde estaría Otho? Lorelei decidió bajar para revisar la cena por octava ocasión. Deseaba dejar todo impecable; no importaba la hora ella lo esperaría para sorprenderlo.
Y cuál fue su sorpresa. Pero no lo podía creer. La mesa estaba ya recogida, los platos en su lugar, las velas y copas habían sido retiradas. ¿Acaso Marion se había vuelto loca? Que atrevimiento –pensó Lorelei-. Sí, la estimaba y pertenecía ya a la familia, pero, porque no avisarle o preguntarle. Nunca había hecho algo así. Se dirigió directo a la cocina cuando en el trayecto Marion salía de ahí, pero, pero pareció no advertir su presencia, iba de un lado a otro apurando su andar, estaba cansada, sólo deseaba dormir. Apenas iba Lorelei a abrir la boca cuando, Marion se dio la media vuelta y salió de aquella habitación sin hacerle el menor caso. Esto era increíble, Marion apagaba las luces sin cruzar palabra con ella, prácticamente la ignoró. Y así, sin más, se retiró a descansar. Lorelei subió enfurecida; podía soportar muchas cosas menos la falta de cortesía y respeto de las personas. Obviamente esto lo debía saber Otho, tal vez él podría llamarle la atención sin que Marion se sintiera ofendida.
Se instaló nuevamente en la cama apoyándose en las almohadas, se sentó entre aquellas como si fuesen pequeñas nubecitas – al menos eso le gustaba imaginar puesto que pasaba muchas horas entre éstas-. No paso mucho tiempo antes de escuchar unas llaves introduciéndose en la cerradura haciendo rechinar el picaporte. El día había terminado hace una hora ya. Otho subió lenta y pausadamente las escaleras, agobiado por el ajetreo de su trabajo pero ansioso por estrechar entre sus brazos a aquella mujer.
Y así fue, apenas llegó a la recámara y abrió la puerta Lorelei saltó a sus brazos colmándolo de besos tiernos y delicados para rematar con un besos apasionado y largo. Después de ese extasiante momento vino la pregunta obligada ¿Cómo te sentiste hoy? ¿Cómo te fue? Lorelei con una gran sonrisa dibujada en esos pequeños, delineados labios con un tono carmesí contestó. - Muy bien. Yo diría, excelente. -Me alegra tanto amor –dijo Otho- -¿Y a ti? Dime qué tal te fue -Pesado, ya sabes, siempre sale algún pendiente, pero nada que no pueda resolverse -Me alegró tanto que llegarás. Tengo varias novedades que contarte, pero algo no muy agradable me pasó hace un momento. -¿Qué paso? ¿Por qué estás disgustada? -No estoy disgustada, sólo un poco sorprendida por la actitud de Marion conmigo. Estaba esperándote para cenar pero tardaste tanto. - Si lo sé, discúlpame -Bueno, pues por alguna extraña razón Marion recogió la mesa sin preguntarme si debía hacerlo o no. Luego cuando fui a la cocina para hablar con ella, paso junto de mí como si yo no existiera, apagó las luces ya sabes dejando prendida las de la escalera y se fue a dormir. ¿Puedes creerlo? -No puedo, pero tal vez estaba tan cansada que no lo hizo con intención, a su edad todo es posible. No te pongas así, pero para tranquilizarte, mañana antes de ir al trabajo hablaré con ella. ¿Te parece? Otho tomó la mano de Lorelei y la besó dulcemente, tranquilizándola. Lorelei reposo su cabeza en el pecho amplio de aquel hombre que la embriagaba con ese aroma dulce, como de canela recién molida. Otho alzó la cara levemente de ella para besarla. La deseaba tanto, la sujetó con sutileza por el talle paseando sus dedos por la espalda, su piel suave lo excitaba tanto. Sus manos acariciaron sus turgentes nalgas. Lorelei lo besó en el cuello; hecho que sabía a él le agradaba. Esa noche Otho descubrió en Lorelei un extraño brillo en sus ojos. Efectivamente, ella lo besó en los labios espontánea, duradera y apasionadamente, dejando perplejo a su hombre. Más aún cuando éste sintió la mano de Lorelei sobar su pantalón. Así Otho quitó las ropas de ella ya bastante excitado. La recostó sobre la cama, ella tomó hábilmente las manos de Otho sobre lo que sin duda, le gustaba más de ella. Con el cabello revuelto y la cara enrojecida pudo sentir con gran emoción el pecho desnudo de su hombre en contacto con su piel. Lorelei se dejó llevar aprisionada por la respiración agitada de Otho.
Aquella noche fue muy salvaje y diferente. Siguieron su íntima tradición, hubo besos, caricias y abrazos muy pero muy apasionados. Se hicieron el amor por mucho tiempo, como si hubiese sólo un día para hacerlo, como si no hubiera un mañana. Al terminar, sudorosos, cansados, pero felices, Otho la abrazó, sintió el abandono de cuerpo y alma de Lorelei, que, en cierta forma le hacía sentir a Otho que Lorelei era de y para él por siempre.
Al día siguiente Otho volvía a la rutina de cada mañana, el baño, acicalarse para, después bajar a desayunar. Lorelei descansaba; dormía como un recién nacido. Ella hacía algunos meses ya no desayunaba con Otho porque se sentía tan fatigada que él prefería dejarla dormir algunas horas más. Así Otho dejó sumergida en sueños a la encantadora mujer, no sin antes, darle un beso en la frente y los labios. Para cuando llegó al comedor, Marion ya lo esperaba con un vasto y delicioso desayuno. Como siempre, la madura mujer lo atendió con servil afecto. - Joven Otho, ¿cómo durmió? Me hubiera despertado para prepararle algo. - Sí, ayer fue un día pesado, dormí espléndido. Además estaba tan cansado que lo único que deseaba era dormir al lado de Lorelei. La mujer al escuchar esto abrió los ojos tan grandes que parecía iban a salir de sus órbitas. No comprendía las palabras de Otho.
-A propósito-dijo Otho- Lorelei me comentó que había preparado una rica cena para mí pero tú sin avisarle, recogiste todo. ¿por qué lo hiciste? Se molestó un poco pero sobre todo, está extrañadísima. Marion aún más asombrada no daba crédito a las palabras de Otho. -Pero joven, si le digo, lo estuve esperando, pero era tarde ya. -Bueno eso ya no importa. Sólo te pido por favor no hagas a un lado a Lorelei, él hecho de estar enferma no la convierte en una inútil. La actividad le hace bien, déjala hacer su vida lo más normal posible. Ahora debo irme, ella duerme, le llevas el desayuno por favor. Dile que la amo, nos vemos en la tarde, vengo para la comida. Y sin darle tiempo a la mujer de nada, Otho salió de la casa.
Marion se sentía anonadada, en verdad, no comprendía. ¿Estaba hablando en serio Otho? Tal vez, sólo había tenido un sueño. Sí seguro eso era. Para compensar el pequeño incidente. Marion decidió hacer una comida muy especial a Otho; le prepararía una rica pasta, un lomo mechado y ensalada a la vinagreta, con eso seguro olvidará el enojo. EL PRINCIPIO DE (2DA PARTE)
Lorelei despertó ya muy tarde, para ser exactos al mediodía. Se levantó de la cama con pereza, todavía adormilada logró abrir las persianas de la ventana. Estiró brazos, piernas, limpió sus ojos y se dirigió al baño para ducharse. El agua que caía de la regadera mojaba todo su cuerpo, ella recordaba la noche tan intensa que había pasado con Otho, en verdad amaba a ese hombre, siempre lo había deseado. Ahora era suyo para siempre.
Cuando terminó de bañarse; escogió del guardarropa el atuendo más favorecedor que tenía. Se esmeró tanto en su arreglo personal. No podía creer su repentina mejoría; lucía hermosa, notablemente recuperada y radiante.
Bajo a buscar el desayuno pero pronto notó la ausencia de Marion. Seguro fue al súper –se dijo.- Probó algo ligero y fue directo a el estudio. Ahí pasaba muchas horas leyendo, escribiendo, creando, siempre acompañada de música como ella decía “inspiradora”. A decir verdad, su gusto por lo gótico, lo obscuro, no era muy del agrado de Otho, sin embargo, la dejaba sola para darle espacio a su imaginación. Lorelei, escogió uno de los tantos discos del mueble al lado de su escritorio, ese mueble de madera rústico situado detrás de una enorme ventana con unas cortinas vaporosas que permitían el paso de la luz. Introdujo el disco en el reproductor, tomo el control de éste y se sentó en la mecedora que ella y Otho habían comprado en un viaja que hicieron a un pueblecillo cercano a la ciudad.
Así, sin más preámbulo, encendió el aparato, inmediatamente cerró los ojos; de pronto, las notas de una canción suave se dejaron escuchar. La voz angelical de Emma Shaplin, transportaba a Lorelei a mundos no creados, existentes, sólo en su mente. La letra era tan triste, hablaba de un amor perdido, un desencanto tal que lo compara con una estrella desaparecida en el universo. Así paso el tiempo sin darse cuenta; la tarde la sorprendió nuevamente. Subió a su recamará para retocarse un poco antes de que Otho llegará.
En tanto Marion estaba hace ya un buen rato en la cocina apurada terminando todo para darle una sorpresa a Otho. Sonó el timbre de la casa y fue inmediatamente a abrir; su invitada había llegado.
En la entrada, una chica de unos 28 años aproximadamente, guapa y con una mirada algo triste, aguardaba a que le abrieran. Jokébed, la mejor amiga de Otho y Lorelei. En cuanto abrió Marion, la chica saludo efusivamente, con confianza. -Hola Marion, ¿cómo estás? Me da gusto verte. Gracias por invitarme. ¿Ya llegó Otho? -No señorita, el joven todavía no llega. Pero pase y siéntese, le ofrezco un té mientras lo espera. Necesito hablar con usted. Estoy muy preocupada por el joven. Pero pase por favor. -Gracias Marion.- dijo Jokébed cerrando tras de sí la puerta-.
Jokébed se introdujo hasta la sala de la casa que para ella era familiar. Ahí paso gratos momentos al lado de sus inseparables amigos. Marion le llevó una taza con té de limón. - ¿Y de qué quieres hablar Marion? - Pues de lo raro que ha estado actuando las cosas extrañas que dice. - A decir verdad, también lo he notado –contestó Jokébed – De eso mismo necesito hablarle. - Últimamente conversa sobre Lorelei como si… no sé como explicarle.
Lorelei escuchó las voces y decidió bajar para averiguar de quién se trataba. Aunque no alcanzó a llegar a los escalones porque desde el barandal distinguió la silueta de su amiga “Joshi”, así la llamaban de cariño. También notó que Marion sólo dispuso dos lugares en el comedor ¿Acaso no pensaba en Joshi? Iba a continuar pero de pronto. Una parte de la conversación le indicó que debía ocultarse. -Otho en verdad me tiene preocupada – indicó Jokébed- Tú sabes mejor que nadie cuánto lo quiero. - Sí lo sé señorita. Por eso me atrevo a consultar esto con usted. -Quisiera ver a Otho feliz nuevamente. Yo estoy enamorada de él. Me apena decirlo pero es la verdad. Lorelei no daba crédito, esto debía ser una broma, de muy mal gusto, por cierto-. -Hace tiempo pude darme cuenta. Yo sé que usted puede sacarlo de esta soledad. Añadió Marion -
Lorelei enfurecida regresó a la recámara. Esto no podía ser cierto – se repetía – Joshi es su mejor amiga, al menos eso pensaba, nadie mejor que ella sabía del amor que Otho y ella tienen. ¿Pero desde cuándo estaría enamorada? -Maldita –gritó colérica Lorelei – Zorra, pero esto no se lo voy a perdonar nunca –prosiguió- En la sala, Marion y Jokébed seguían la plática. El ambiente era tenso El aire frío que de unos meses a la fecha se dejaba sentir en la casa sorprendía a propios y extraños. -Yo sé que el joven la extraña pero, a veces actúa como si ella aún siguiera con nosotros- decía Marion-. Aunque debo confesarle, ella sigue aquí, en esta casa, puedo sentir su presencia, su aroma, no va a creerlo pero hace un rato se oía la música favorita saliendo de la biblioteca, preferí no asomarme. - Te entiendo, también la he extrañado. Me hace falta. La conversación se vio interrumpida por la llegada de Otho. Se dirigió a las dos mujeres, saludándolas afectuosamente. - -Y bien ¿qué celebramos? ¡Mmmmh huele delicioso! ¡Y qué bonita mesa! Pero, ¿no te quedarás a comer con nosotros Joshi? ¿Por qué hay dos lugares nada más? Marion, pon el servicio que falta porque Joshi se queda ¿verdad? - -Claro, si Marion me invitó a comer, pero….Otho ¿ahí no falta ningún lugar? –Explicó Jokébed, un poco desconcertada-. - -Ya sé lo que piensas, pero te aseguro que hoy si nos acompaña, dame unos minutos voy por -Lorelei, en un momento estamos aquí. –Y sin permitir contestación alguna desapareció entre las escaleras.- - Ambas mujeres se miraron sin poder articular palabra. Sus rostros denotaban desasosiego.
Cuando Otho abrió la puerta de la recámara se encontró a una Lorelei enfurecida. Apenas lo vio y no perdió tiempo para contarle lo sucedido. -Otho, tienes que correr a esa mujer. -Pero porqué, explícame. –Lorelei soltó en llanto y cómo pudo intento balbucear. Otho la -abrazó y beso para tranquilizarla. -Jokébed, está enamorada de ti. Yo misma la escuche confesándoselo a Marion. -No, seguro oíste mal. Eso no puede ser. Tú la conoces mejor, ella sería incapaz de traicionarte. -No me equivoco, te digo que las oí. Marion aprueba ese cariño, es más, se ofreció a ayudarla. - Te aseguro que es un error. Pero si te hace bien, vamos a bajar para aclararlo todo ahora que estamos todos presentes. - No yo no bajo –gritó Lorelei.- No podría verla, sería capaz de abofetearla o algo peor. Baja tú y despídela por favor. - Anda, no actúes como una niña hay que platicarlo y arreglarlo ahora mismo. - Ya te dije que no voy a bajar. Además Marion está a su favor. Les preparó una linda comida. Me ha estado ignorando. Seguramente lo negaran todo, te dirán que he enloquecido o bien que es a causa de la enfermedad. - Está bien, no te voy a obligar a bajar. De inmediato arreglo este mal entendido, Jokébed y Marion tendrán que disculparse por el mal rato que nos han hecho pasar.
Otho bajo furioso las escaleras. Las dos mujeres lo esperaban para comenzar a servir. Sin embargo, sólo recibieron una mirada fulminante, gritos y reproches. -No puedo creerlo, ¿Por qué le están haciendo esto a Lorelei? - ¿Qué pretendes Jokébed? Sabes cuan enferma está. Un disgusto así la podría mandar nuevamente al hospital. - Y tú Marion, ignorarla así cuando te pedí, la dejaras hacer las actividades diarias tan normal como fuera posible. Les exijo se disculpen con ella. - Pero Otho – refunfuño Jokébed – es que no podemos hacer eso…. - Entonces me veré en la necesidad de pedirles a ambas se retiren de nuestra casa. Aquí ya no soy bienvenidas. - Joven Otho, - chilló Marion –esta usted mal, con gusto ofrezco una disculpa pero… - Bueno, entonces le hablaré a Lore para que cenemos en paz y tan amigos como siempre. Pon otro servicio. - Pero no lo entiendes Otho –gritó con voz entrecortada Jokébed – no podemos disculparnos con Lorelei porque ella ya no está con nosotros. Pensé ya lo habías aceptado. Es doloroso pero, así es Otho. Lorelei hace un año murió entiéndelo. Por favor no nos hagas esto. Estamos preocupadas por ti y también la extrañamos no sabes cuánto, fue mi mejor amiga, mi hermana. - Otho con ojos azorados, las miraba con odio, no podía creer lo que había escuchado. - Ustedes están mintiendo –gritaba y lloraba al mismo tiempo – Lore está allá arriba y escucho justo cuando tú Joshi le confesabas a Marion tu amor por mí. Eso no es de hermanas, qué les pasa, acaso se volvieron locas o es que acaso nos quieren volver locos a nosotros. De nada les va a servir, yo amo a esa mujer más que a mi vida, lo oyen, lárguense de aquí, déjenos solos.
Pero sin lugar a dudas la más sorprendida sin lugar a dudas fue la misma Lorelei, que hacía rato escuchaba la discusión. Debían estar locas tal como lo dijo Otho, ella no estaba muerta, ella no. Corrió desesperadamente a la habitación, se arrojó al suelo llorando, gimiendo de dolor, el cuerpo lo sintió pesado, un escalofrío la recorrió por completo, se miró al espejo y sólo vio un ser demacrado, triste, sin vida. Aún así seguía diciéndose así misma: - ¡Nooooooooooo¡ Yo no estoy muerta. Aquí estoy, escúchenme. No estoy muerta. - Por favor que alguien venga, me siento mal, por favor que alguien me escuche.
Mientras en la planta baja, Jokébed y Marion se miraban sorprendidas, no sabían explicarse todo lo que estaba sucediendo. ¿Cómo podía Otho saber de su conversación? Algo r aro estaba ocurriendo, el miedo las invadió más que la tristeza y la desesperación. ¿Y si Lorelei en verdad estaba ahí con ellos? Esto produjo un fuerte estremecimiento en Jokébed. EL PRINCIPIO DE ...(3RA PARTE)
Otho se quedó helado, la mirada perdida. Sin palabras como un niño asustado ante su trágica realidad. Jokébed se acercó a él tratando de contener el llanto, lo abrazo fuertemente Enseguida intentó romper con esa atmósfera. Con una sonrisa fingida le pidió a Marion sirviera ya la comida.
Tan rápido pasaba todo, era como una escena surrealista, nadie entendía nada de los gritos pasaron al llanto, luego el silencio, fingir que nada sucedía fue la mejor opción, un arrebato lo tenia cualquiera, más cuando se ha sufrido una gran pérdida.
Todo era tan extraño, hace unos minutos todos estaban gritándose, al borde del trastorno. Y ahora ambos degustaban la deliciosa crema de flor de calabaza con queso, una ensalada así como el cuete mechado con almendras, tocino y pasas. Tenía un sabor tan delicioso. Empero, el ambiente aún era tenso, triste, completamente absurdo.
Finalmente, sin decir nada, Otho fue personalmente a la cocina y descorchó uno de sus mejores tintos, regresando a la mesa con un par de copas. Sirvió el vino ceremoniosamente. Algo sorprendida, Jokébed lo dejó continuar. Dio un sorbo a su copa y hasta entonces decidió pronunciar palabra al fin. - ¿Y por qué brindamos? - -Por ella, por el amor de mi vida, por su dedicación en el poco tiempo que me fue prestada, por su descanso y el mío ahora, ya podemos estar en paz los dos.
Y así lo hicieron. Curiosamente Otho estaba más tranquilo, diríase resignado. Fueron momentos tan poco reales, que Jokébed se imaginó en una situación tan particular, en una comedia de humor por cierto bastante negro.
Así terminaron aquella comida tan atropellada, Joshi todavía angustiada se despidió: - -Debo irme ya, no me gusta dejarte así. ¿Vas a estar bien? - - Sí, - musitó aquel hombre abatido.- - - De todas formas yo te llamo mañana. ¿Te parece si vamos al cine? Hay buenas cintas en cartelera y … - - No pudo continuar porque Otho parecía más que apresurado por despedir a su visita. - - Sí, si mañana.
La verdad Otho no deseaba dar oídos a nadie. Algo raro en su interior se lo impedía. Así, beso atropelladamente la mejilla de Joshi para después cerrar la puerta tras de ella.
Desganado y aturdido, aquel juvenil hombre se avejento. Claro su atractivo se hizo evidente. Estaba convertido en un viudo treinton, alto, bronceado, fornido por la práctica de las pesas y el box, con el cuerpo típico y elegante que dejan los deportes; de ojos negros y muy felinos, siempre cuidadoso, atento, alegre, pero sobre todo enamorado de Lorelei. Ambos eran afortunados, o lo habían sido hasta esta tarde.
Hay, por Astarté, ¿y ahora qué? ¿Qué pasaría con su vida?
Al llegar a la puerta del cuarto, sintió un aroma a jazmines. Esto en vez de asustarlo, le provocó paz, Al abrir, llegó junto con la soledad su trágica realidad. Lorelei ya no estaba con él, nunca más la podría abrazar o besar, y ese olor a flores blancas, las favoritas de esa encantadora mujer significaban el adiós definitivo.
Sin embargo, no lejos de Otho; Lorelei lo observaba con ansias, con ganas de que él también la mirara nuevamente. Pero, todo era inútil. Su desesperación fue tal que se acercó a Otho hasta tenerlo frente a frente. Simplemente, nada, no podía verla. Se había vuelto invisible, transparente, no estaba ya.
Su esposo ignoró los brazos tan conocidos. Más que ignorarlos, esta vez no pudo sentirlos.
Esa noche, Otho no pudo dormir. Cuando los primeros rayos del sol aparecieron; Otho se sentía cansado, apenas y concilió el sueño por un par de horas. Se ducho todavía amodorrado, desganado, completamente deprimido. Terminó de acicalarse para ir a trabajar.
Abajo, Marion lo esperaba con el desayuno. Pero éste, ni siquiera lo tocó. Salió apresurado, absorto en sus recuerdos, en los bellos momentos al lado de Lorelei; no se dio cuenta de que no iba a la oficina, manejaba en dirección al cementerio. Automáticamente, no recordaba haber ido nunca en esa dirección pero sabía a dónde quería llegar.
Cuando arribo, la sensación de vacío y tristeza lo irrumpió. Tenía miedo de comprobar que su niña, su amada, la pequeñita hermosa estaba ahí, junto con los restos de otras personas totalmente desconocidas. Seguramente ella también tendría miedo y se estaría sintiendo sola.
Al llegar a la tumba, el piso parecía hundirse bajo sus pies. Ni siquiera se percató de la llegada de Jokébed. La cabeza comenzó a darle vueltas, el estómago se volteó por completo hasta que finalmente se desmayó.
Cuando despertó, Jokébed sostenía delicadamente su cabeza tratando de reanimarlo, Poco a poco abrió los ojos, perdido en el tiempo. Y así sin más, como un niño se apretó al pecho de Joshi y lloró amargamente por un largo rato.
Otho se desahogó, lo necesitaba. Ya más recuperado le pidió a Lorelei perdón: - -Chiquita preciosa, la más hermosa. Perdóname por no dejarte ir. Pero me haces tanta falta. Te extraño amor ¿Por qué me dejaste tan pronto? - ¿Por qué me dejaste tan solo? - - Sé que soy muy egoísta, pero Te Amo y sé que tú también a mí. Ahora debes ir a donde perteneces, fuiste puesta en mi camino para hacerme feliz; hoy te devuelvo al cielo. Eres mi ángel, por tanto tu nivel es otro, aquí no perteneces vuelve a tu hogar, Mi niña descansa ya. Siempre estarás en mi corazón.
Lorelei con lágrimas en los ojos se acercó a él, le tomo las manos con dulzura tal, para luego besarlas como acostumbraba. El olor a jazmines se hizo presente. Otho sabía que ella estaba ahí. Nuevamente y por última vez pudo sentir el delicado beso que Lorelei depositaba en sus labios.
Mientras, en la casa de Otho, Marion también percibía ese aroma, un aire cálido envolvió la estancia, la mujer supo de inmediato que Lorelei se estaba despidiendo. - - Señora, sé cuanto ama al joven. También sé que no lo va a dejar que lo cuidará procurando su felicidad. Por mí parte yo le prometo velar por él. Ambos son como mis hijos así los quiero. Ahora puede estar en paz.
Marion se sintió después de esto más tranquila, por fin pudo estar segura de que Lorelei la había perdonado, al final de cuentas fue una mujer amorosa y dulce.
En tanto, de regreso Otho y Jokébed no articularon palabra alguna. Al entrar a la casa Otho miró a Jokébed, se acercó y la abrazo nuevamente. Luego de un rato le tomó la cara con ambas manos y le dijo: - Gracias, gracias por tu paciencia, pero sobre todo por ser mi amiga. - Jokébed apenas contuvo las lágrimas.- - Todo había terminado. No se volvió a tocar el tema.
Desde ese día Otho jamás volvió a pensar en Lorelei con dolor. La recordaba con el amor que siempre tuvo por ella. En cuanto a Jokébed. Ella siguió guardando para sí todo su amor. El silencio siempre cómplice le ayudaría a sanar tanto desamor.
Seguirán juntos, unidos por un angelical recuerdo. En ese instante, el dolor se disuelve. Otho y Jokébed inmersos en destellos y escenas cálidas alcanzarán estoicismo. El universo es tan complicado, tanto como los sentimientos y el propio ser humano.
Lorelei finalmente desaparece y se pierde en noches infernales, en un destino sin fin, es un cuerpo ya sin alma, divagará en la oscuridad más profunda de la nada, de vez en vez llorando y a medio fuego por amor. La vida definitivamente se le escapo. Pero,ahora Akasha le regala el Don de lo Oscuro, pronto volverá,esta vez con la gracia de un ser nocturno, un ángel sin luz.
F I N
Frieda / 06 NO QUIERO PENSARel cuerpo cansado me gritaba por un poco de paz
necesito un espacio en blanco para mí
una hora, un minuto, un instante pero sólo para mí.
En dónde se compra el tiempo necesario para vivir
no lo he visto anunciado en ningún canal de televisión
ni he escuchado algo relacionado por la radio
ni en el periódico de la mañana.
Podrá enfrascarse la felicidad,
así como esos perfumes carisimos de París?
Dónde puedo adquirir mil pensamientos positivos?
Y aún así, serán lo suficientemente efectivos
para poner en mi rostro aunque sea una sonrisa fingida?
Las horas transcurren, el semblante no cambia,
mi sangre se agota tal como mi paciencia.
Y porqué no, ser un camaleón?
Así a placer, que no mío, sí el de la nefasta sociedad ;
podría ser de tantas maneras como gente decida catalogarme.
Sigo agotada, harta del paso leve de los segundos.
Hoy he decidido instalarme en el Limbo,
sí, ese lugar que tú ya conoces
dónde puedo pensar o bien dónde sólo
me siento a olvidar las cosas que no me sirven.
+ _ +NO SE TRATA…
Estoy cansada de preguntar De no encontrar respuesta Cansada de los infiernos dantescos Que me han construido Los << sin sentido >>.
Y no me quité la vida Me la arrancaron de tajo Amaba la vida También la muerte Todo es parte de este proceso onírico En el que nos encontramos. Me quedé en la oscuridad Harta del odio, la insensibilidad La traición y la hipocresía.
No se trata de resucitar, No quiero regresar De esta negrura Porque no quiero Tengo miedo de mirar la luz de nuevo Esa luz me mata, me sofoca, me reprime.
No se trata de mirar atrás De pedir perdón ahora que me he ido Porque me he quedado sola Porque me dejaron sola.
No quiero buscar rostros Rostros conocidos dentro de mi infortunio Ni pedir explicación de sus patéticos discursos Para darme cuenta de que ahora Sólo la Luna me quiso acompañar.
Juego con la imaginación Las lágrimas ya no queman Sin embargo aún hay tanto dolor El aire pesa Sobre todo cuando mira alrededor Cuando observo al espejo reflejando mi alma En el cristal claro hay reflejo Pero sólo aparece ante mí Y ante ti Un rostro desfigurado, el cuerpo fatigado Mis alas rotas.
Todos me miran con horror Con desconfianza y desagrado Si supieran o tan solo sintieran El miedo que tengo A que alguien tan cruel Como tú entré a mi frágil Burbuja de realidad. A TÍ GURU ESPIRITUAL
Irónicamente rodeada por miles de colores, El negro, el blanco, el rojo. El rojo que baña los lienzos vírgenes Son la voz del silencio. Carácter dramático Que invade cada uno de tus autorretratos.
Por horas me pierdo en tus angustias Ahí me siento cómoda Claramente identificada. Entré el corsé y Los deseados ángeles perdidos Entre el onírico amor Del Príncipe Sapo.
Y mientras el desamor me invade Observo a Las dos Fridas Una sana La otra, desangrando pasión.
Así, en desgarrados tormentos Continuo en este amargo existir Descubriendo en cada amanecer Que no hay algo nuevo Y me impresiona tu visión Nuevamente admiro la Hermosa perspectiva de tu mundo Trazado por tu pincel.
Todo cambia con un simple toque Con un rasgo, un color diferente Mientras descubro a Diego en mi pensamiento, Llega la noche, Mi noche. Ahí me escondo tras el alma De tus cuadros Ahí dónde me aguarda la nada.
LA MAÑANA SIGUIENTE£@ MåÑâµÅ §îGûïéµ±é
Y continuó con la certeza de que será un año más de mi patética existencia, a nadie le importa si como, si duermo, si sueño, si respiro. Un fingido abrazo me rodea, siento náuseas, ante tanta hipocresía, no debí haberme levantado nunca. Que más da, es sólo un año más, otro que pasa obscuro, sin luces multicolor. Negro y solitario cual debe ser.
Y vendrá la mañana siguiente, sin pesar, mucha gente a mí paso me observará, pero nadie en verdad me ve como yo.
La sombra de mi luz es mi guía, en tanto mi alma miente, tú no me ves, tú no me conoces, te da igual que pise tu mismo infierno.
Todo el sufrimiento dibujado en mi rostro es mi carta de presentación, hoy se nota más apesadumbrado, cansado de seguir aquí. Un año más y a ti, a todos les parece normal.
No atino a poner en palabras la miseria de mi vegetar, las huellas de mis lamentos yacen en mi cuerpo. Ahora lo comprendo.
Envejecer, morir, es el argumento de mi obra, y nadie comprende, sí, un año más hoy día, pero un vestigio más en esta entidad, no entienden que los ángeles no pertenecemos a esta dimensión. Nada pueden hacer, si lastimo mi exterior es para matar de una vez por todas lo que hay aquí dentro.
Esta es la mañana siguiente, un nuevo día comienza y el tiempo corre sin reservas. Sueño en la penumbra, el momento de dejar de pisar el suelo maldito para ir hacia la luz que mi cielo reserva. Hoy, es la mañana siguiente.
HAN PASADO VEINTE AÑOSSIN DUDA HAN PASADO VEINTE AÑOS
Son las 7:19 de la mañana exactamente, una luz muy tenue pasa a través del vidrio de mi ventana, llevó ya un par de horas despierta pero no me siento con ánimos de levantarme. La televisión está encendida. Desde su inicio ha estado plagada la pantalla con imágenes y testimonios de los sobrevivientes del terremoto de 1985.
Sí, han pasado 20 años desde aquél terrorífico día, pero en mi mente todo está tan fresco.
Mi familia y yo vivíamos en pleno corazón de Garibaldi, ahí en el Eje Central Lázaro Cárdenas. En una casona de esas bien antiguas que aún podemos apreciar en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Exactamente, en la Plaza Santa Cecilia, tenía como vecinos cada noche a los bares de moda de aquella época y alguna cantina de mala nota donde las señoritas hacían gala de sus dotes como bailarinas. El “teatro Burlesque” fue por mucho tiempo el lugar de reunión de algunos noctámbulos sedientos de acción .Nunca falto el extranjero que visitaba el Tenampa como lugar obligado para decir que visitó Garibaldi. Y después de unos cuantos tragos de tequila pues claro un buen plato de pozole o birria en el mercado “San Camilito” Ahora que si el gusto y la añoranza por el teatro era el pretexto pues el teatro “Blanquita” siempre estará a nuestra disposición con algún espectáculo. Hay tantos recuerdos lindos de infancia en esa casa y sus alrededores.
Aquella mañana de septiembre de 1985 todos ya despiertos alistándonos unos para el trabajo los más pequeños para la escuela. Apenas tenía siete años (en ocho días más cumpliría 8), mi hermano cuatro. Todo tan normal como siempre, mi mamá apurándonos para vestirnos, mi papá hacía unos cuantos minutos había salido de la casa. Cuando de pronto el reloj marcaba las 7:19 de la mañana. Un movimiento lento en principio empezó a sacudir nuestra casa. Me recuerdo en un momento sin miedo pero conforme eso iba creciendo el temor se apodero de cada uno de nosotros. El suelo se nos movía nuestro instinto de supervivencia nos hizo salir de ahí como pudimos hacia la plaza, aún seguía temblando.
A pesar de mis siete años, no daba crédito alo que estaba viviendo. Ante mis ojos cientos de personas apilándose en aquella plaza, llorando, gritando, arrodillada pidiéndole a algún ser supremo que tuviese piedad de todos.
Pero sobre todo jamás se borrará de mi memoria ver a lo lejos humo, un ambiente gris, tenso, el vacío que habían dejado los enormes edificios que antes nos rodeaban. Aquello era indescriptible, sólo pensaba en que iría a pasar.
Ese día todavía se nos permitió regresar a la casa. Tan majestuosa con sus balcones y sus tinas de porcelana, su enorme patio, ahora era un lugar tan inseguro. Reunidos a la mesa platicaban los mayores sobre cómo habían percibido el sismo, mi papá relataba las cosas que había visto en su trayecto al trabajo, porque todavía fue a trabajar. Nunca se imagino que los daños habían sido tan desastrosos. Yo, desde la salida intempestiva no había pronunciado palabra alguna. Eso duraría unos días más, estaba en shock.
Mi tía, proveniente de Querétaro, llegó esa misma tarde en busca de noticias favorables pues no había comunicación los teléfonos se restablecieron varias horas después pero las noticias fueron dadas a tiempo gracias a algunos medios que informaron oportunamente lo ocurrido. Lo que no sabía es que tendría que vivir con nosotros una vez más el terror del segundo sismo.
Nadie durmió esa noche. Presintiendo lo que vendría ala tarde/noche del día siguiente.
Para este segundo sismo, aunque pareciese estábamos más preparados fue todo más caótico, mi papá tomó a los niños de la casa, (mis primos, mi hermano y yo) para otra vez arremolinarnos en la Plaza. Esa sería la última vez que yo pisaría esa casa. Ahora años después de vez en vez paso frente de ella y recuerdo.
Todavía no salíamos del susto, las imágenes de los escombros, edificios, casas, grandes heridas estructurales, psicológicas, morales, emocionales. Que aún con el paso del tiempo no logran sanar todavía.
La noche después de ese segundo temblor transcurrió lenta, gris, sombría, fría con un leve sereno que nos pegaba cual golpe en la cara, Los adultos como pudieron alcanzaron a sacar algunas cobijas. Esas fueron nuestras camas. Aunque otra vez nadie durmió, preguntas recurrentes se hacían todos: ¿podremos volver a la casa? Si no, ¿a dónde vamos? ¿Habrá transporte? ¿Cómo estarán Pedro, Juan, Daniel (que importa el nombre, todos teníamos a alguien por quién preguntar)? Pero nadie tenía respuestas.
Por fin llegó la mañana, la incertidumbre se hizo más notoria en cada rostro a dónde se mirara. Por lo pronto cuando intentamos volver a la casa, gente del ejército mexicano nos lo impidió.
Se decidió que un albergue era lo mejor, teníamos hambre aunque a decir verdad nuestro miedo era más grande.
Por la tarde nos encontramos caminando cual refugiados, sobre Reforma, buscando un lugar donde protegernos. La dimensión de los daños aún era increíble, caminar por esas calles repletas de escombros, vidrios rotos, gente llorando, ropa regada, un zapato que tal vez perteneció a alguien que nunca más lo usaría.
Otras tantas personas sacaban fuerzas de su dolor y ayudaban a sacar de entre las ruinas a sus familiares, amigos, vecinos, no había tiempo que perder, cada minuto representaba la vida o la muerte.
Sin duda el trabajo era duro, pero para la tragedia no existió ninguna distinción, desaparecieron las clases, creencias o diferencias políticas. Con todos los recursos posibles se trataba de auxiliar a los que aún luchaban por su vida. Con manos, martillos, seguetas, etc. Ahí nació la Sociedad Civil, la Solidaridad del pueblo mexicano ante la impotencia de un gobierno rebasado por el desastre.
Así, fueron miles de personas que arriesgando su vida buscaban a otras personas desconocidas de entre las ruinas. Desgraciadamente el espectáculo que ofrecían los montones de cadáveres apilados en las calles se fue volviendo común.
Otras personas como las que nos auxiliaron a nosotros con un catre, agua y comida también fueron importantes. Jamás lo olvidaré. El albergue al cual llegamos hizo de dormitorio por algunos días más. Intentamos regresar a casa pero fue inútil, nuestra casa había sido acordonada era ahora un sitio inseguro para habitar.
Mi familia decidió que era hora de salir también del albergue porque aunque nos dieron cobijo no dejaba de ser un lugar sumamente deprimente. Así fue como llegamos aquí a la que desde ese día sería mi hogar. Claro un terreno baldío que mis padres habían tenido la fortuna de comprar años atrás. Pues se transformo en refugio para los damnificados.
Mientras en el centro de la Ciudad de México, en el aire un sombrío olor a muerte que con el paso de los días se acentuaba más.
Jamás se borrará de mi memoria la frase “tan atinada” de una tía cuando salíamos de la Ciudad para venir al Estado de México: Niños:-huele mal Tía: sí, tápense la boca porque huele a muerto, ya se han de estar descomponiendo los cadáveres.
Efectivamente olía a muerto, pero yo me preguntaba a los siete años. ¿Cómo huelen los muertos? Pues ahora ya sé.
Han pasado veinte años,ahora tengo 27 . La herida duele aún, los recuerdos son lastimosos. En la memoria sólo el recuerdo de vecinos, amigos de la infancia, compañeros de clase, maestros, la vida nocturna de Garibaldi y su Santa Cecilia. Rostros que tal vez jamás volveré a ver.
TE HARÉ EL AMOR UNA VEZ MÁS
Me besaste suavemente, con delicadeza me tomas por el talle acercándome a tu pecho. Sintiendo tu aliento, oyendo tu respiración que a cada momento se agita. Pude escuchar el latir de tu corazón, mientras tus dedos erizaban cada milímetro de mí. Iban y venían cual gusanos, tu mirada se clavaba en la mía, extasiada me decía: TE QUIERO…
La noche escondía todas nuestras caricias, dejaba a la imaginación lo que ahí estaba sucediendo. Volcamos el canto de Eros sobre una almohada. Mientras me perdía entre la tibieza y la humedad de tu rincón secreto. Mi vientre ardiente a gritos pedía un rociado beso.
Me respondes grabando con tus manos la pasión, dejando la huella de tu sensualidad sobre mi espalda de arena.
El dulce olor a canela que emana de ti me impregna, me perturba, y el sudor que resbala por tu bello rostro me trastorna aún más.
El tono bronceado de tu cuerpo contrasta con mis blancas piernas que se enredan cual sierpes en en el contorno de tu cintura, amplia y fuerte como un muro.
Tus movimientos salvajes y agitados me transportan a un mundo de delirio. Los gestos dibujados en el semblante de mi amado me provocan el éxtasis.
Al calor de las lisonjas ya leves, susurro a tu oído: “dame tus labios una vez más, porque nuevamente te haré el amor”.
Mientras pienso, que el insomnio me sabe dulce sintiéndote a mi lado. Pues mi cuerpo y mis sábanas aún huelen a ti. AGRADECIMIENTOSSSSSSS :-] UN SALUDO MUY AFECTUOSO A OSCAR ROVIRA, POR TODOS LOS TRUCOS Q ME HAN PERMTIDO PONER ALGO WAPO MI ESPACIO. MIL GRACIAS.
OTRO ABRAZO FUERTE A MADRIGAL POR TODOS SUS SABIOS CONSEJOS Y POR COMPARTIRLOS TAN DESENFADADAMENTE.
A MI ME ENCANTA DIOSMe encanta Dios
JAIME SABINES
CUALQUIERA Q SEA ESTE DIOS, UNO O NINGUNO, TOTAL Y LIBRE ALBEDRÍO µN⠱ŮÐë ©ôMø ©µâ£qµîê®å
Ayer por la tarde, debo decir que algo nublada y con una mínima lluvia. Me encontraba mirando extasiada las pocas flores que entre el gris de las paredes dan vida a esta casa, tan solitaria y vacía a veces.
Pensaba en que alguien en una ocasión me dijo que yo era como la flor de uno de esos extraños cactus, todos cubiertos de pequeñas dagas casi transparentes escoltando el color de esa habitante nocturna, porque sólo florece de noche.
Claro todos ven esas armas filosas, agresivas. Pocos se atreven a tocarla por el miedo a salir dañado. Vaya pensé, mi coraza de espinas es muy hosca. ¿Y cómo no serlo?, si necesito cubrir esa última y pálida flor. Está extinguiéndose, tantas flores se cortaron del jardín de mi vida, las pisaron y nadie se acordó de plantar semillas nuevas. Que se puede esperar de los seres sin alma, tocan todo lo bello con sus sucias manos. Todo esto revoloteando en mi cabeza, perdida en mi melancólico mundo. Cuando de pronto, un grito fuerte, salvaje diría yo, interrumpió mis divagaciones.
En tono violento, la voz vomitaba toda clase de ofensas. Inmediatamente un niño se desplomaba en llanto, agitado. Me recordó esa primera vez en que te separas de tu mamá y tienes tanto miedo a ser abandonado por ella que gimoteas sin parar. Pero este grito era diferente, de terror.
Otra vez, esa voz “masculina” gritaba, golpeaba. Por un tiempo creí que golpeaba al niño, eso me exaltó e inmediatamente subí a la azotea para poder averiguar de qué se trataba. Sí, ese imbécil había tocado, el cuerpecito de aquel chiquillo…
Luego…el silencio. El niño dejó de llorar, claro, con tantas amenazas. Por supuesto, reconocí la voz, es mi vecino, un “hombre” tan déspota, engreído y asqueroso. Jamás hemos simpatizado y no lo deseo.
Otra vez, golpes, sonidos de cosas cayendo al suelo. Una silla se adivina sale volando y se estrella contra la pared. Esto no puede continuar debo hacer algo pero, ¿qué? La desventaja o ventaja (no lo sé) de vivir tan juntos y tan lejos a la vez.
Ese grandísimo idiota, volvía a gritar, más fuerte, un agravio tras otro: -¡Cállate, cállense los dos¡ -¡qué poca madre¡ -¿acaso no tienes madre? -¡Hija de puta¡
Un golpe seco sobre la piel de alguien. Esto ya es demasiado me dije. En verdad estoy descompuesta, ofuscada, furiosa. A punto de tocar en su ventana para…no sé para qué. Algo quiero hacer. Pero…, otra vez silencio, nada. Me quedo unos minutos quieta, es en vano. Todo se ha calmado al parecer.
Al juzgar por la tensa tranquilidad, mi presencia en esa casa ya no es necesaria. Por el momento. Hay Astarté, algo se movió tan dentro de mí, la rabia me sacudió como en flash back, tantos recuerdos, gritos, insultos, malos tratos, golpes. Bajo corriendo, llegó al pequeño jardín que hay en el patio trasero de esta casa, al mismo lugar dónde estaba cuando todo esto comenzó. Con lágrimas en los ojos, tomo entre mis manos aquél cactus, sin pensarlo. Estoy sangrando ¡Pero que tonta! ahora cómo sacar estas astillas, son tan finas.
Ha anochecido, la lluvia ha parado. Un aire frío y solemne mece algunos de mis cabellos. Un poco más serena, sentada en una pequeña y blanca banca de metal alivio el dolor. La sangre se ha quedado pegada a mi piel, con cuidado me limpio. Otra vez, en absurdos pensamientos estoy hundida. No cabe duda, no soy la única, hay tantas mujeres como yo sufriendo ya sea por su inútil existencia o porque han pasado por ella miles de momentos similares. Siendo aplastadas, minadas por cretinos como Raúl, así se llama el pedazo de hombre que vive en la casa de junto.
Así, algunas mujeres más inteligentes o más valientes, huyen, piden auxilio. Otras callamos y nos mantenemos por largos períodos con la esperanza de que todo cambiara. Hasta que una mañana despiertas, ves tu piel amoratada, tu estima devaluada, tus ganas de vivir frustradas y de una vez por todas pones fin a todo. Has tocado fondo.
Sí, yo sufro, pero allá afuera de este mi mundo obscuro otros también viven su infierno personal.
LIBRO DE VISITAS
± mΠر®å mî±ðÐtú el lado bueno
yo nací en la parte mala.
Estás esperando respuesta
a este amor que alimentaste
y cual sierpe mi corazón devoro.
Perdida me encuentro
en laberinto nocturno,
en el desvarío de tu mente.
Mi voz te grita
este absurdo discurso te cita
se oye tu nombre
en el agitado y húmedo sueño
que me ahoga esta noche.
Es la imaginación
quién dulcemente
te acaricia,
recorre las partes más íntimas.
Tu corazón palpita
emocionado, extasiado
oigo el gemido que te da mi placer.
Cada milímetro de tí se eriza
al percibir mi tibia boca
posarse en tu desnudez.
De abajo hacia lo más alto
paso por tu vientre
conduzco hábilmente
la viperina lengua
hasta mirarme en tus ojos
quiero sentir el dulce aliento
que se desgaja de tí
en cada oración.
Poco a poco las palabras van sobrando
nos llenamos de murmullos
gritos que disfrutamos
se enredan nuestros cuerpos
mis piernas te rodean
mis manos te recorren.
Sin mirarte,
exploran la tersura de tu piel
mi olfato se embriaga
con el olor que desprende
tu cuerpo.
Nuestras piernas se aprisionan
con tanta facilidad
poco a poco la respiración
se acelera
a horcajadas te siento entrar
tan dentro de mí.
Te recibe mi humedad
un tanto tímida.
El vaivén de mis caderas
se acompasa con tus movimientos,
todavía suaves, lentos.
Deseando no terminar nunca
nos sentimos el uno al otro
por primera vez
y sin embargo,
este santuario
me ha pertenecido
desde siempre.
Mis pechos erguidos
muy por lo alto
inspiran a tus dedos
a regalarles lúdicas caricias
Se estremecen, se endurecen
al recibir,
la calidez de tus labios.
Aún sin decir nada
nos besamos apasionadamente
con la mirada.
Por un largo rato
permanecemos fundidos
amorfos en la oscuridad
devorándonos sin prisa.
Tú golpeas más fuerte,
pequeños lamentos salen de mí,
me aprietas hacía tu pecho
se nublan los sentidos
todo se borra.
Desvanecidos por breves instantes
complacidos,sabemos
llegó mansamente
la pequeña muerte.
¢ûé®þø §îµ Å£måNo sé que hago aquí, me siento en verdad mal, un dolor terrible en la espalda me está matando. Estoy algo aturdida, no coordino bien, apenas y logro ver más allá de mi nariz. ¿Pero que ha pasado?, en verdad vagamente recuerdo algo. Estaba situada en una ciudad iluminada por tu presencia, sin leyes, ni horarios, me fuiste despertando de un largo sueño que me mantenía sumergida en la oscuridad. Más valdría haberme quedado ahí, estoy muerta ahora. Todo está de cabeza, tus palabras estúpidas no sirven de nada. Vaya consuelo saber que me quieres, mientras tus manos sucias me destrozan la vida. Me has quitado las alas, las acariciabas con dulzura, admírándolas siempre. En tanto tu mente planeaba como arrancarlas de tajo. Era de esperarse los seres como tú desearían tenerlas . Tendrás que conformarte con tu nauseabunda vida. La sangre corre por cada uno de mis poros, aún tibia puedo sentir como se escurre lentamente hasta mis pies. Se me está acabando la existencia. Un burdo espectáculo es él que estás presenciando: la caída de un ángel. Vomitas frases tratando de aliviar mi pena. Todo es inútil cada una se encaja cual daga sobre mi desfalleciente cuerpo. Me miras a los ojos tratando de adivinar la razón de mi presencia en este mundo. Tu miserable vanidad te acerco a mí, necesitabas probar los labios de un ser oscuro, el santuario que te ofrecí con vehemencia, la humedad de ese rincón que te hacía delirar de placer, el calor de mi vientre y el olor de mi piel. Ahora nada queda, sólo un lamento, gritos de angustia, lágrimas negras. El vuelo de una mariposa es la señal debo partir. Te tomo de las manos necesito sentir por última vez el terciopelo de tu piel, robarme tu esencia, guardar en el laberinto de mi necesidad el recuerdo de lo que pudo ser. Todo se apaga, mi vela se extinguió, el último halo de luz ha fallecido.
POR FAVOR DEVUÉLVEME MIS ALAS, L. B . T Q M PERO UN ÁNGEL COMO YO PERTENECE A OTRA DIMENSIÓN. Me PeSa Tú AuSeNcIaHa pasado un año
hermosa fuente de delirio.
Un año, de sueños mil,
de quiméricos anhelos, deseos reprimidos
y confesiones calladas.
Un año, y apareció el Ángel
y con espléndida altivez
se robó, una ilusión.
Entonces, los días se hicieron eternos,
las noches un suplicio,
y el tiempo.......un.......ingrato compañero.
La espera se ha hecho eterna
y sin embargo, una sola esperanza queda...
unir
ó
desaparecer
diminuta fugaz...
cual efímera galaxia.
Año basto, lleno de sentimientos ambivalentes
buenos / malos
¿quién puede descifrarlo?
¿Acaso delito es
desear
lo no
poseído?
Así, un desesperado grito
mudo
vocifera ante un oido sordo, indiferente, te llama...
¿dónde estabas?
Escondido, fugitivo,
tal vez en un sueño que no recordaba
tras una estrella
demasiado lejana de mí,
entonces......
pobres palabras, perdidas en el espacio: desvanecen sus lamentos.
¡Y quién pudiera
decirte Bello Ángel!
Cuánto envidio:
al aire que tus cabellos mece,
envidio, las manos que con tu piel se deleitan;
envidio, al ser que tus pensamientos roba;
envidio, los brazos que tu cuerpo rodean;
envido a quién con tu aroma se envenena;
envidio, la sonrisa que te alegra;
envidio, al pecho desfalleciente, loco
de placer cuándo tú te acercas;
envidio la boca
que sorbe
dulce néctar...
Y roba el aliento que tus labios despiertan.
Quien disfruta tu saber, tus lamentos,
tu ser
emociones y tristezas.
Y sin embargo,
nocturna mariposa,
inocente, anhela
cual afligido mendigo,
una corta respuesta.
Y noche tras noche,
en astral viaje
en la oscuridad se desvanece
hasta que...
a tu lecho llega.
Entonces
fascinada, durante horas
vigila tu dulce sueño,
viste de besos tu cuerpo,
con la mirada te recorre
descansa a tu lado
y se acopla a tu respirar,
luego cual traviesa hada
ladronzuela, infantil,
esta vez, lentamente te vuelve a besar.
Y mitiga su guarda
su soledad
y nostalgia
acallando el ruido del reloj,
dicta en tinta multicolor
sobre blancos pétalos
historias de amantes imaginarios,
de camas humedecidas,
y de cansancios mezclados con dolor
placer / displacer....
Del rojo inmóvil,
muerto.......
ofrecido en sacrificio
por lo no existente,
por todo lo evocado.
¡Alimento de dioses!
Astarté
se deleita
entrega a EROS.....
fantasías perversas.
Ha pasado un año...
y mi luz, todavía no regresa,
confundida está
en algún mítico lugar
preguntándose, si morir, bajos tus alas...
¿con quiér ir?
¿A dónde pertenece?
perdida,
ausente
divaga
no aparece en tu cálido discurso
no la nombras, no exíste....
£Å§ å£mŧEste es un mito de origen Celta:
Sí, en el principio de las cosas existían tan pocos seres humanos sobre la faz de la Tierra y ahora hay tantos, ¿de dónde surgen nuevas almas? Sucede que en ciertas reencarnaciones nos dividimos tal como se dividen los cristales, las estrellas y las células. Ciertamente en virtud de una especie de meiosis, el alma se dividide en dos, que a su vez se dividen para formar cuatro y así continúa, a través de una a veces larga serie de divisiones y subdivisiones. Esto explica, entre otras cosas, el hecho de que los seres humanos seamos "menos alma y más materia", cada vez menos interesados en la realización de un plan superior y más inclinados a la búsqueda del bienestar mundano. Asimismo, el que algunas personas tengan «más alma» que otras.
Cada uno de nosotros tiene más de un alma gemela. Puede sí, ser una sola que está por ahí esperándonos, pero también podrían ser 2 o 4 o 20. Incluso, es posible que encontremos a más de una al mismo tiempo, pero entonces el corazón se divide y el resultado es dolor para todos. O puede ser que la hallemos cuando ya estamos casados o comprometidos. O que «nunca llegue». Somos responsables de ello.
Debemos buscar a nuestra "otra parte" sin cansarnos, sin desistir.
Un día se cruzará en nuestro camino aunque sea sólo por unos instantes. Un día comprenderemos que en esos instantes privilegiados nos fue «dado ver el amor y ello bastará para justificar nuestra existencia» y, aunque nuestra "otra mitad" nunca llegue a pertenecernos, será suficiente para iluminar las noches de la vida con el recuerdo de que pasó junto a nosotros y la vimos.
El problema es ¿cómo reconocerla? Dice la tradición que por le brillo en los ojos. Los ojos de cada persona son completamente comunes para todos, excepto para su "otra parte": para ella, tiene un esplendor especial, intenso y luminoso que nadie más puede ver. "Las personas que han desarrollado su sensiblidad de manera especial son capaces de percibir una señal más segura".
PAULO COELHO
Así que ya saben pequeños mortales, a mirar a los ojos a los otros, porq la gran mayoría hemos perdido esta costumbre vamos tan ensimismados q nos olvidamos y tal vez nuestra alma ha pasado justo a nuestro lado pero como no la miramos jamás nos enteraremos.
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